De nuevo vivimos una de las noches más mágicas del año, la Víspera del Día de Todos los Santos, en la que según la leyenda, la línea que separa el mundo de los vivos y el de los muertos se vuelve muy tenue. En Espacio Libros seguimos pensando que no hay mejor manera de ambientar Halloween que con una buena historia de terror, así que hemos rebuscado en los anaqueles de nuestra biblioteca en busca de algunas tan inquietantes, aterradoras y espeluznantes, que el paso del tiempo no ha podido enterrarlas en el olvido. Si el año pasado te trajimos 25 relatos clásicos de terror, este nos fijamos en 13 novelas de autores consagrados que, si te atreves a pasar de la primera página, no defraudarán tu gusto por el miedo.
Empezaremos recordando dos de los títulos ya reseñados entonces: Drácula (1897), de Bram Stoker, y Otra vuelta de tuerca (1898), de Henry James. El primero porque es inconcebible hacer una lista de buenos libros de terror sin incluir al príncipe de los vampiros, y el segundo porque se trata una de las historias góticas más turbadoras de la literatura universal, en donde una joven institutriz es enviada a una solitaria mansión victoriana a cuidar de dos niños, Flora y Miles. Lo que en un principio parece un cometido fácil y placentero se torna en una angustiosa pesadilla plagada de apariciones fantasmales.
Lo cierto es que la literatura del siglo XIX está llena de grandes títulos. Por ejemplo, Frankenstein (1818), de Mary Shelley, la historia de un estudiante de medicina que insufla vida a una criatura aberrante creada a partir de trozos de cadáveres. O las Narraciones extraordinarias, de Edgar Allan Poe, una antología de relatos estremecedores que el autor estadounidense fue escribiendo a lo largo de los años. Títulos de sobra conocidos, como Los asesinatos de la calle Morgue, El gato negro, El pozo y el péndulo, Berenice, El corazón delator o Ligeia, entre otros. Y después de Poe, dos escritores británicos con dos de sus mejores obras: Robert Louis Stevenson y El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde (1886), y Arthur Conan Doyle y El sabueso de los Baskerville (1901).





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No existe una única definición para explicar qué es la ciencia-ficción. En realidad, cada autor o ensayista ha gustado de dar su propio punto de vista y de acotar el género. Por ejemplo, Isaac Asimov dijo que «Las historias de ciencia-ficción son viajes extraordinarios a uno de los infinitos futuros concebibles»; mientras que Kingsley Amis la definió como «Aquella forma de narrativa que versa sobre situaciones que no podrían darse en el mundo que conocemos, pero cuya existencia se funda en cualquier innovación, de origen humano o extraterrestre, planteada en el terreno de la ciencia o de la técnica, o incluso en el de la pseudociencia o la pseudotécnica».
Fue en el siglo XIX cuando se produjo el auténtico auge de las novelas de aventuras y donde encontramos —aparte de las ya mencionadas— las obras maestras del género. Para empezar, el
Se considera que los orígenes del género de aventuras se encuentran en
Lo primero que llama la atención de la novela de aventuras es que, siendo una subcategoría de la novela, sus límites son ambiguos, es decir, que puede albergar en ella otros subgéneros como el histórico, el policíaco o el romántico, por ejemplo. Muchos la consideran un tipo de literatura juvenil, aunque todos hemos oído hablar de sus grandes títulos y en algún momento nos hemos perdido entre sus páginas.






