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Libros electrónicos II: La tinta electrónica

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Libros electrónicos II: La tinta electrónicaComo comentamos el otro día, un ebook puede ser leído en un ordenador personal, un teléfono móvil, una pda, un notebook o en un e-reader específico. Sin embargo, las prestaciones que ofrece uno de estos últimos no son comparables a las de sus predecesores gracias a la tecnología e-ink o de tinta electrónica, la cual permite algo que ninguna pantalla de ordenador puede imitar: una lectura similar a la de un libro en papel, ya sea en ángulo o definición. A diferencia de las pantallas de TFT o LCD, que necesitan un refresco de pantalla continuo de veinticinco imágenes por segundo, la tinta electrónica reproduce una imagen estable de alta resolución, que cansa menos la vista del que lee.

El papel electrónico está compuesto por tres capas de plástico finas y flexibles —de tres mm de espesor, lo que también permite que se fabriquen dispositivos que apenas superan los trescientos gramos de peso—, que se colocan una encima de otra, entre las que se incluye un circuito electrónico con millones de microcápsulas que contienen cápsulas blancas con carga positiva y cápsulas negras con carga negativa flotando en una especie de gel. Cada vez que son estimuladas por un campo eléctrico, cada cápsula muestra su cara blanca o negra y aparece un texto o dibujo en la pantalla del dispositivo. Evidentemente, este tipo de papel electrónico es en blanco y negro, el más común. Existen terminales con tinta electrónica en color, como es el caso del Fujitsu FLEPia o las nuevas pantallas desarrolladas por Samsung, aunque su precio, de momento, resulta estratoférico. En este enlace puedes consultar una infografía con el proceso completo de cómo funciona la tecnología de tinta electrónica en un lector de ebooks.

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Libros electrónicos I: Qué son y formatos

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Libros electrónicos I: Qué son y formatosLos libros electrónicos ganan adeptos a pasos agigantados. Según el Ministerio de Cultura, durante 2008 se editaron en nuestro país cerca de 8.500 libros electrónicos, que representan el 8% de la producción editorial española. Más allá de modas o manías personales, esta nueva realidad tecnológica ofrece algunas ventajas con respecto al libro tradicional, como la posibilidad de reunir una biblioteca consistente en poco espacio o dar facilidades a personas con deficiencias visuales, por ejemplo, mediante dispositivos que agrandan la letra o que admiten archivos sonoros como audiolibros. Día a día crece la oferta editorial, proliferan los nuevos dispositivos de lectura y, lo más importante, bajan los precios de estos últimos, lo que ayuda a que la gente se anime a adquirir uno.

Como seguramente aún quedan despitados que no saben muy bien qué es un ebook o libro electrónico, en Espacio Libros vamos a dedicar varias entradas a esta nueva alternativa de lectura.

Para empezar, hay que diferenciar entre ebook y dispositivo de ebooks o e-reader, puesto que a veces se les llama de igual manera. Un ebook o libro electrónico es un archivo de lectura digital que puede leerse en un ordenador personal, una PDA, en algunos teléfonos de última generación y en lectores o dispositivos de ebooks, creados para tal fin con gran capacidad de almacenamiento. La mayoría provienen de la digitalización de una obra originalmente en papel y se presentan con el mismo aspecto que un libro tradicional, respetando ilustraciones y gráficos. Podemos encontrar novelas, poemarios, ensayos, cuentos, cómics y mangas, revistas, manuales… Obras de todo tipo para coleccionistas, profesionales, estudiantes o para el público en general.

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13 novelas de terror para Halloween

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13 novelas de terror para HalloweenDe nuevo vivimos una de las noches más mágicas del año, la Víspera del Día de Todos los Santos, en la que según la leyenda, la línea que separa el mundo de los vivos y el de los muertos se vuelve muy tenue. En Espacio Libros seguimos pensando que no hay mejor manera de ambientar Halloween que con una buena historia de terror, así que hemos rebuscado en los anaqueles de nuestra biblioteca en busca de algunas tan inquietantes, aterradoras y espeluznantes, que el paso del tiempo no ha podido enterrarlas en el olvido. Si el año pasado te trajimos 25 relatos clásicos de terror, este nos fijamos en 13 novelas de autores consagrados que, si te atreves a pasar de la primera página, no defraudarán tu gusto por el miedo.

Empezaremos recordando dos de los títulos ya reseñados entonces: Drácula (1897), de Bram Stoker, y Otra vuelta de tuerca (1898), de Henry James. El primero porque es inconcebible hacer una lista de buenos libros de terror sin incluir al príncipe de los vampiros, y el segundo porque se trata una de las historias góticas más turbadoras de la literatura universal, en donde una joven institutriz es enviada a una solitaria mansión victoriana a cuidar de dos niños, Flora y Miles. Lo que en un principio parece un cometido fácil y placentero se torna en una angustiosa pesadilla plagada de apariciones fantasmales.

Lo cierto es que la literatura del siglo XIX está llena de grandes títulos. Por ejemplo, Frankenstein (1818), de Mary Shelley, la historia de un estudiante de medicina que insufla vida a una criatura aberrante creada a partir de trozos de cadáveres. O las Narraciones extraordinarias, de Edgar Allan Poe, una antología de relatos estremecedores que el autor estadounidense fue escribiendo a lo largo de los años. Títulos de sobra conocidos, como Los asesinatos de la calle Morgue, El gato negro, El pozo y el péndulo, Berenice, El corazón delator o Ligeia, entre otros. Y después de Poe, dos escritores británicos con dos de sus mejores obras: Robert Louis Stevenson y El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde (1886), y Arthur Conan Doyle y El sabueso de los Baskerville (1901).

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Bicentenario del nacimiento de Mariano José de Larra (1809-1837)

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El 24 de marzo de 1809 nació, cerca de la antigua Real Casa de la Moneda de Madrid, el pequeño Mariano José. De aquélla, España sufría la invasión de las tropas napoleónicas y hacía un año que se libraba la Guerra de la Independencia. Era hijo de Mariano de Larra, un médico de ideales afrancesados, que pidió en 1811 trabajar para el ejército de José Bonaparte, hecho que obligó a la familia, una vez acabada la guerra, a exiliarse a Francia.

Mariano José vivió cinco años en el país vecino, repartidos entre Burdeos y París, donde comenzó sus estudios en lengua francesa. En 1818, una amnistía del rey Fernando VII propició el regreso de los Larra a Madrid, donde el pequeño continuó sus estudios, ahora en español. Desde muy joven demostró una inteligencia despierta, curiosidad por aprender y gusto por las letras. Con once años traducía latín y con doce, griego clásico. Estudió aquí y allá, pero tendía a regresar a Madrid donde ,con sólo diecinueve años, se animó a publicar el folleto mensual El Duende satírico, en el que inició su carrera como periodista y empezó a cultivar su estilo ágil e irónico al escribir sobre las costumbres de su ciudad. Las quejas de las algunas de las víctimas de su pluma le obligaron a cerrar la publicación. No obstante, Mariano José siguió ganándose la vida como periodista, uno de los pocos privilegiados de su época que, con los años, se convirtiría en el mejor pagado del país bajo el seudónimo de Fígaro. Y es que lo valía…

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70º aniversario de la muerte de Antonio Machado

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Hoy en mitad de la vida,
me he parado a meditar…
¡Juventud nunca vivida,
quién te volviera a soñar!

Hoy, 22 de febrero, se cumplen setenta años de la muerte del poeta Antonio Machado, otro de los grandes nombres de las letras hispanas, integrante de la Generación del 98.

Nació en Sevilla el 26 de julio de 1875 en el seno de una familia liberal y numerosa. Con ocho años de edad se trasladó con ella a Madrid y estudió en la célebre Institución Libre de Enseñanza de Francisco Giner de los Ríos, amigo de su padre. En 1889 comenzó sus estudios de bachiller, los cuales interrumpió varias veces por los problemas económicos que acosaron a su familia tras la muerte de su padre. No obstante, durante estos años recibió otro tipo de formación en tertulias literarias y en el trato con quienes conocía en ellas. Colaboró en varias publicaciones e inició su obra poética siguiendo los cánones del Modernismo.

En 1899 viajó a París para visitar a su hermano Manuel, también poeta, y trabajar como traductor para una editorial. Allí conoció a Pío Barroja y Oscar Wilde, así como a Rubén Darío en 1902, durante su segundo viaje a la capital francesa. A su vuelta a Madrid publicó Soledades (1903) y empezó a colaborar en la revista Helios, coincidiendo con Valle Inclán, Juan Ramón Jiménez, su hermano Manuel, Unamuno o Azorín. En 1906 consiguió una plaza de profesor de francés en Soria, donde permaneció los siguientes cuatro años. En 1907 publicó la ampliación Soledades. Galerías. Otros poemas y dos años después se casó con la jovencísima Leonor Izquierdo. Logró una beca para perfeccionar sus estudios de Filología Francesa y, durante 1910 y 1911, residió en París. Sin embargo, su esposa cayó enferma de tuberculosis y se vieron obligados a regresar a Soria. Ella murió un año después, sumiéndolo en la más honda de las tristezas. Pocos días antes del fatal desenlace, sus Campos de Castilla habían visto la luz de la publicación. En este nuevo trabajo, Antonio Machado se aleja del Modernismo para volcar su mirada crítica sobre su tiempo y expresar su inquietud por la situación de España, tal y como hicieron los demás integrantes de su Generación.

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Bicentenario del nacimiento de Edgar Alla Poe

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Hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Edgar Allan Poe, nacido en Boston el 19 de enero de 1809, y son muchos los que le rinden un merecido homenaje. Considerado el padre de la novela policíaca, del relato fantástico y una de las mejores plumas del terror decimonónico, Poe también supo cultivar la poesía y el ensayo.

Huérfano desde muy pequeño, fue criado por un matrimonio acaudalado de Richmon, John y Frances Allan. La familia se trasladó a Inglaterra en 1815 y Edgar estudió primero en un internado de Escocia y luego en otro de Chelsea, entrando en contacto con la cultura británica y aprendiendo latín y francés. Los Allan regresaron a Estados Unidos en 1820.

Estudió un curso en la Universidad de Virginia y luego se enroló, en 1827, en el ejército. Rompió relaciones con su padrastro por varias desavenencias -entre ellas, deudas de juego- y John Allan incluso llegó a desheredarle. En ese año editó su primer libro, un poemario titulado Tamerlane and other poems, en cuyo prólogo decía que casi todos los poemas los había escrito antes de los 14 años. Siguió escribiendo poesía, al igual que artículos periodísticos por su rédito económico. En 1831 marchó a vivir a casa de una tía materna en Baltimore, donde, tiempo después, se casó con su prima Virginia Clemm en 1835 (ella tenía 13 años).

En 1838 publicó su única novela La narración de Arthur Gordon Pym, mientras trabajaba en uno u otro periódico. Un año después, llegó el volumen Tales of the Grotesque and Arabesque, que contenía algunos de sus relatos más conocidos como La caída de la Casa Usher, Manuscrito hallado en una botella o Ligeia.

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La encuadernación II: Tipos

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Son numerosas las clases y técnicas de encuadernación, dependiendo del material que se use o de cómo se haga. A continuación te presentamos un listado con los tipos más comunes:

  • En rústica: la cubierta que se utiliza es de cartulina flexible, pegada con un producto de secado rápido, es del mismo tamaño que el libro y con el mismo material en el lomo, el cual queda con forma rectangular.
  • En tapa dura o cartoné: la cubierta o tapa del libro es de cartón rígido o flexible, cuyo exterior se cubre con cuero, tela u otro material. Los cuadernillos casi siempre van cosidos a mano o a máquina, aunque también pueden encolarse. El cuerpo del libro o tripa se une a la tapa mediante guardas. El lomo es semicurvo por lo general. Recibe distintos nombres según sea el material que recubra el cartón (tela, pasta, íntegra o flexibook, etc.). El tipo cartoné tiene las tapas de cartón de poco grosor recubiertas de papel.

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La encuadernación I

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La historia de la encuadernación va de la mano con la del libro. Se considera que las primeras encuadernaciones surgieron por necesidades de conservación con la aparición del códice. A Europa llegaron a través de Constantinopla e Italia desde Mesopotamia y se sabe que los romanos usaron diferentes técnicas. Su auge empezó en la Edad Media y fueron los monasterios los primeros centros de dicho arte. De primeras, sencillas cubiertas de códice confeccionadas con piel sobre tablillas de madera. Más tarde, el lujo y el gusto artístico lo dominó todo con el uso de materiales de calidad como oro, plata, marfil, terciopelo, esmaltes y piedras preciosas. En España, se asentó la técnica durante el siglo XIII, mientras que en el XIV y el XV se perfeccionaron los ricos acabados de orfebrería.  El estilo más reconocido es el gofrado mudéjar. A mediados del siglo XV, la llegada de la imprenta dio el empuje definitivo al arte de la encuadernación.

La encuadernación y las partes de un libro

La encuadernación se encarga de unir ordenadamente los pliegos o cuadernillos de una obra con el fin de obtener un volumen compacto gracias a una sólida costura y a una cubierta resistente que proteja el libro. Siempre tratando de facilitar su uso para una cómoda lectura y asegurando su conservación.

El exterior del libro se divide en el lomo, los planos y los cortes. El lomo es la parte en la que los pliegos van cosidos. Los planos son las dos caras del libro, anterior y posterior, que se denominan delante y detrás. Cada libro tiene tres cortes: por donde se abre el libre y opuesto al lomo, corte delantero; el de la parte superior, corte de cabeza; y el inferior, corte de pie. Si el lomo es plano el corte delantero también lo será, en tanto que si el lomo es redondo, el corte delantero tendrá forma cóncava, conocida como mediacaña. El corte suele ser blanco o del mismo color del papel, aunque en ediciones cuidadas puede dorarse, pintarse, jaspearse, bruñirse, labrarse, etc.

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25 clásicos de terror para la Noche de difuntos

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La Noche de difuntos está a la vuelta de la esquina y, más allá de las celebraciones típicas, no hay mejor manera de vivir el miedo que con un buen y escalofriante relato de terror. Por ello, hemos elaborado una lista con algunas de las mejores historias clásicas del género, esas que jamás pasarán de moda por el desasosiego que inspiran. Por supuesto que podría ser mucho más larga, puesto que hay incontables ejemplos de literatura gótica y de horror a lo largo de los siglos XIX y XX; sin embargo, esperamos que aquellos que tengan en cuenta los siguientes títulos pasen un rato ameno -y pavoroso- durante su lectura.

Para empezar, uno de los subgéneros más exitosos dentro del terror: los relatos vampíricos. Y en primer lugar, como no podía ser de otra forma, uno de los libros más famosos de la literatura universal, el imprescindible Drácula (1897) de Bram Stoker, fuente de inspiración de películas, series de televisión, cómics, etc. El joven procurador Jonathan Harker viaja a Transilvania para cerrar un negocio inmobiliario con el conde Drácula. Poco a poco, Harker será testigo de hechos extraños en el sombrío castillo en el que se aloja y empezará a desconfiar de la naturaleza de su anfitrión. Drácula no fue la primera historia sobre vampiros que se escribió. Bram Stoker se inspiró en autores que le precedieron como Polidori, Charles Nodier, Téophile Gautier y Sheridan Le Fanu, entre otros. De este último es Carmilla (1872), una de las primeras mujeres vampiros. Las otras propuestas sobre el tema son El almohadón de plumas (1919) de Horacio Quiroga y Roja como la sangre (1979) de Tanith Lee.

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El Microrrelato

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Oriundo de Hamelín, soy flautista y alquilo mis servicios: puedo sacar las ratas de una ciudad o, si se prefiere, a los niños de un país sobrepoblado» del escritor mexicano René Avilés Fabila.

Al microrrelato se le ha llamado de incontables maneras: minicuento, microcuento, hiperbreve, minificción… Es un género narrativo, como la novela, y su característica primordial es la brevedad. En apenas unas líneas el autor debe contarnos una historia, ser intenso en ideas y a la vez conciso.

Hay quien apunta que su origen más remoto lo encontramos en el versículo bíblico, en la parábola, en la fábula, el aforismo o el apólogo, y no falta quien ha vuelto sus ojos al haiku japonés. Tomó cuerpo en la literatura didáctica medieval (alegorías, adivinanzas, colecciones de exempla como los de El Conde Lucanor…). Ya en época moderna, el microrrelato parece pariente de la greguería de Ramón Gómez de la Serna.

«Hoy me siento bien, un Balzac: estoy terminando esta línea», de Augusto Monterroso.

Sea como fuere, proliferan los autores que lo han cosechado con más o menos éxito desde comienzos del siglo XX, aunque no empezó a considerarse un género en sí mismo hasta mediados de siglo. En los ejemplos más tempranos encontramos los cuentos breves de Franz Kafka, Poe o Anton Chéjov y, por supuesto, ejemplos de la literatura hispanoamericana, de amplia tradición, como Rubén Darío, Julio Torri, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Augusto Monterroso, Horacio Quiroga, Juan José Arreola, Marco Denevi, Gabriel García Márquez, entre otros. En España también hemos tenido cultivadores del microrrelato como Max Aub, Juan Ramón Jiménez, Luis Landero, Luis Mateo Díez o Antonio Pereira, así como una última generación con Julián Sánchez Caramazana y José Marzo.

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