Jordi Sierra i Fabra es un escritor muy activo: da muchas charlas y conferencias, participa en el programa Encuentros con el autor y con su fundación, ayuda al fomento de la lectura en Hispanoamérica.
A finales de febrero, unos días antes del terremoto, tuvo lugar en Chile el Primer Congreso Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil, CILELIJ. En este congreso, el 26 de febrero de 2010 en Santiago de Chile, Jordi Sierra i Fabra dio una conferencia sobre la literatura realista. ¿Por qué sobre esta literatura en particular? Se podría decir que la mayoría de los libros de Jordi se enmarcan dentro de la llamada literatura realista; un ejemplo de ello puede ser Campos de fresas. En esta conferencia, Jordi anima a los jóvenes a que no dejen de leer, a que se rebelen leyendo. También da su visión de la literatura, que debe ser un puñetazo en la razón o en la mitad de la conciencia.
Aquí te dejamos un fragmento de esta interesante conferencia. Léela completa en la Sala de prensa de la página web de Jordi Sierra i Fabra y después cuéntanos tus impresiones u opiniones en los comentarios.

En un mundo libre y sin fronteras, somos cada vez más prisioneros de la nada que flota en el ciberespacio, porque no nos engañemos: el ciberespacio si de algo está lleno es de nada. Millones de páginas de Internet a la deriva en busca de un náufrago social que se asome a ellas. Sin embargo, tanto da la forma en que contemos las historias, porque la humanidad seguirá leyendo y algunos pocos privilegiados crecerán con esas lecturas. Unos pocos. Minoritarios, selectos o elegidos. Y aquí, de lo que se trata, es de que sean muchos, y jóvenes, jóvenes en formación a la búsqueda de esos espejos que les conviertan en personas de futuro. Por ello necesitamos de una cierta literatura de enjundia, comprometida y realista que les forme y les informe además de entretenerles y comunicarles emociones y sensaciones. Por ello la narrativa realista ha de ser como un despertar, o un puñetazo en la razón o en mitad de la conciencia. El mundo de hoy es un mundo muy real. Detrás de los niños magos está el hecho de que no hay ninguna varita mágica que te asegure la existencia. Detrás de los jóvenes vampiros está la única verdad: que el amor es una fuerza natural y que no hay eternidad que valga porque al nacer nos dieron un cheque en blanco llamado vida con un contador de tiempo que comienza a funcionar hacia atrás desde nuestro primer suspiro. Detrás de los dragones están los padres, los maestros, los problemas y los bancos. Y que conste que no censuro magias, vampiros o dragones. Necesitamos libros de fantasía y ciencia ficción que despierten nuestra imaginación, y de humor que nos hagan reír, y de terror para exorcisar nuestros propios fantasmas, y novelas románticas para creer en “parasiempres”, y novelas policíacas para soñar que la justicia existe y los malos pagan.
Pero para enfrentarnos a la vida, a la realidad, es necesario que la literatura sea combativa, sea un arma de choque. Si una novela no nos altera, no nos sacude, es que estamos muertos anímicamente, pero también significa que ella no cumple con uno de sus principales cometidos: incentivarnos. [...]
La juventud de hoy vive con prisa, los medios audiovisuales han impuesto un tipo de éxito rápido basado en la estupidez humana. Mínimo esfuerzo para un triunfo inmediato y efímero. Leer cuesta y cuanto menos se lee menos se entiende lo que se lee, algo que da una coartada directa al joven esclavo de sus vértigos. Leer les deprime. Pero si el riesgo de crear historias desaparece o se censura y autocensura, a los que sí leen se les estará robando la posibilidad de entender mejor el mundo en el que viven y el que les espera. Necesitamos reír y llorar con los libros, soñar y evadirnos, pero también necesitamos de ellos para entender la vida, para entendernos a nosotros mismos, para ponernos a mover las neuronas aburridas, globalizadas o amodorradas por tanto ruido que nos impide escucharnos a nosotros mismos.







anuncios para publicitar lo que queremos vender. Lo primero que se nos viene a la mente cuando pensamos en Se vende pueden ser esos carteles de colores llamativos que se colocan en las ventanas o balcones de las casas, o quizás los anuncios en la luna trasera del coche cuando queremos cambiarnos de vehículo. Pero hay muchos otros artículos que la gente quiere vender, cambiar o simplemente, deshacerse de ellos, y para ello escribe anuncios o carteles que distribuye por la calle para contactar con quien esté interesado en ellos.










