El Templo de las Mil Puertas es una revista digital de literatura juvenil, completamente gratuita. Puedes leer sus números, cada dos meses, en su página web, descargártelos al ordenador y leerlos tranquilamente o imprimirlos en casa. En la revista puedes encontrar entrevistas a autores, reportajes, artículos sobre criaturas o autores de ayer, reseñas de los últimos libros o las novedades de los escritores, presentaciones o ferias del libro.
En el sexto número de la revista, entrevistaron a Alfredo Gómez Cerdá, autor de El negocio de papá. Aquí te dejamos alguna de las preguntas que les hicieron al escritor:

Nos ha parecido curioso que la mayor parte de sus libros fantásticos son infantiles (incluso Menguante, pese a estar publicado en una colección juvenil, tiene un tono más infantil). ¿A qué cree que se debe? ¿Acaso a los jóvenes (de 13 años en adelante) les cuesta más entrar en lo fantástico?
Muchos críticos que han analizado mi obra han coincido en una cosa: la variedad. Me encanta explorar diferentes caminos. A veces me he movido en el realismo y otras veces en la fantasía, y también me gusta el camino intermedio, donde ambas cosas se dan la mano. Menguante tiene “un tono más infantil”, como decís, pero creo que es un libro con muchas lecturas detrás y con una carga crítica y satírica importante hacia comportamientos de nuestra sociedad, en la que ni siquiera un escritor, como el protagonista, sale bien parado. Menguante es una parodia de muchas cosas, entre ellas, la literatura fantástica. El beso de una fiera o El archipiélago García son libros para jóvenes donde también hay dosis de fantasía. Lo que ocurre es que a mí la fantasía por la fantasía no me atrae. Suelo hacer un matiz entre fantasía e imaginación y, por supuesto, me quedo con la imaginación. La imaginación se puede aplicar incluso a la vida cotidiana. Me gusta que la literatura, como decía Sábato, explore la condición humana, y eso me hace en muchas ocasiones fijarme en los problemas que nos rodean, en las angustias y en los sentimientos profundos de las personas, en este caso de los jóvenes. Pero tengo la sensación de que en este momento los jóvenes de trece años en adelante prefieren la literatura fantástica, en muchos casos de pura evasión. Ahí están las cifras de ventas y el aluvión de literatura fantástica.
Usted lleva ya muchos años visitando colegios e institutos y manteniendo encuentros con sus lectores. ¿Cómo suelen ser esos encuentros? ¿Ha notado cambios en los chavales de las nuevas generaciones? También sabemos que ha viajado a otros países, como Colombia (donde se desarrolla la novela Barro de Medellín), ¿qué diferencias ha encontrado entre los jóvenes de aquí y los de allí?
Hace veinte años ir a un colegio o instituto era un acontecimiento para el centro, y esto se notaba mucho en la actitud. Hoy se está convirtiendo en una rutina y eso degrada la calidad. Además, algunos profesoras se limitan a animar a leer prometiendo a los alumnos la visita del escritor. Es un disparate. La animación a la lectura debería ir por otro camino, y la visita del escritor solo sería un peldaño más. Pero, dicho esto, tengo que reconocer que me gustan los encuentros, que son enriquecedores para ambas partes y que siempre encuentras a alguna persona (niño o joven) por la que merece la pena seguir haciéndolos. En Colombia lo que se nota es esa diferencia de actitud a la que me refería al principio. Allí te reciben con los brazos abiertos, te agasajan, te cantan canciones, te dedican bailes y poemas, te transmiten su mundo y sus ilusiones y luego se produce el encuentro. Están deseosos de saber y de aprender. Son como esponjas. Es una actitud que también pude comprobar en los adultos. Allí hay muchas cosas por hacer, todo está en ebullición y efervescencia.
Ha tratado temas como la emigración (“Sin billete de vuelta”), la explotación de inmigrantes (“Soles Negros”), el acoso escolar (“Escoria”), las drogas (“Pupila de águila”, “La jefa de la banda”), el alcoholismo (“Las siete muertes del Gato”), la incomunicación en las familias (“El archipiélago García”), etc. ¿Cree que la literatura dirigida a jóvenes debe tratar cuestiones sociales importantes, tal vez para obligarles a reflexionar sobre el mundo en el que viven?
Creo que la literatura debe tratar cuestiones importantes, y como somos seres humanos organizados en una sociedad, debe tratar cuestiones sociales importantes. Es lo que decía antes, la literatura como forma de reflexionar sobre el ser humano: su conducta, sus sentimientos, sus dudas, sus sueños… Pero, eso sí, el arte y la literatura tienen muchos recursos y una novela, por encima de todo, debe ser una novela, no un tratado o mini ensayo sobre problemas sociales. Yo, sobre todo, he tratado de escribir novelas, con personajes, con tramas, con ambientaciones, con imaginación… El lector debe saber, en primer lugar, que está leyendo una novela, que se está enfrentado a un hecho literario. Si luego esta novela le hace reflexionar sobre sí mismo, sobre los demás, sobre el mundo en el que vive, pues mejor. Pienso que solo podremos hacer lectores si ofrecemos literatura. Y cuanto mejor sea esa literatura, mejor podrán ser esos lectores.
¿Cómo lleva el tener un hijo también escritor? Cuando se reúnen, ¿hablan de libros? ¿Se recomiendan lecturas?
Lo llevo bien, por no decir muy bien. Creo que este hecho me une más a mi hijo, y eso es estupendo, pues aparte de los lazos propios de padre-hijo existen otros hilos que nos unen y que nos hacen cómplices de muchas cosas. Ningún problema al respecto por mi parte. Y aprovecho para decir que no siempre es así (y conozco algún caso). Por absurdo que parezca, a veces surge una especie de envidia y cualquier éxito del hijo hace que el padre se sienta “amenazado”. Es el dichoso ego de la mayor parte de los creadores, que no acepta la sombra de nadie, ni de su propio hijo. Por otro lado, también está el trauma del hijo, cuando tiene un padre muy brillante y él piensa que jamás podrá llegar a donde está él. En fin, un tema para el psicoanálisis, que ya ha tocado la literatura y el cine. Insisto, con mi hijo-escritor, muy bien. Con mi hijo-hijo, fenomenal.
Si quieres leer la entrevista completa a Alfredo Gómez Cerdá, pásate por el sexto número de la revista de literatura juvenil El Templo de las Mil Puertas. Y si quieres saber más sobre el escritor de El negocio de papá, date un paseo por su página web.