Hay que ser cuidadoso a la hora de concursar, puesto que el olvido más liviano puede dar al traste con nuestras expectativas. Tu texto puede acabar en la papelera sin que nadie lo haya leído simplemente por no cumplir algún punto de la convocatoria. Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es leer detenidamente las bases completas del concurso y comprobar que cumples todos los requisitos (en el caso de haber participado con anterioridad, cuida de que las bases no hayan cambiado en ningún punto). Si hay dudas, lo mejor es ponerse en contacto con la organización del concurso y preguntar. Detalles como la edad, la pertenencia o no a un país o región, la extensión de la obra, el idioma, el formato de papel, el tipo de fuente, el tema elegido, el seudónimo… son trascendentales.
Algunos consejos prácticos:
- Corrige tu obra (más de una y de dos veces). Los fallos ortográficos y/o gramaticales pueden echar por tierra una gran historia.
- Ten en cuenta el número de copias exigido. Los textos se presentan impresos, nunca a mano, así que hay que cuadrar bien la extensión que se exige en las bases con el resultado final una vez impreso.
- Cuida el tamaño de párrafo exigido (sencillo o a doble espacio), así como las fuentes, los márgenes, el espaciado. El texto ha de leerse con facilidad.





No existe una única definición para explicar qué es la ciencia-ficción. En realidad, cada autor o ensayista ha gustado de dar su propio punto de vista y de acotar el género. Por ejemplo, Isaac Asimov dijo que «Las historias de ciencia-ficción son viajes extraordinarios a uno de los infinitos futuros concebibles»; mientras que Kingsley Amis la definió como «Aquella forma de narrativa que versa sobre situaciones que no podrían darse en el mundo que conocemos, pero cuya existencia se funda en cualquier innovación, de origen humano o extraterrestre, planteada en el terreno de la ciencia o de la técnica, o incluso en el de la pseudociencia o la pseudotécnica».
Quien siente el impulso de escribir, ya sea un relato, una novela o cualquier otro género, siempre tiene una pregunta entre ceja y ceja: ¿es bueno lo que escribo?
Fue en el siglo XIX cuando se produjo el auténtico auge de las novelas de aventuras y donde encontramos —aparte de las ya mencionadas— las obras maestras del género. Para empezar, el
Se considera que los orígenes del género de aventuras se encuentran en 
Lo primero que llama la atención de la novela de aventuras es que, siendo una subcategoría de la novela, sus límites son ambiguos, es decir, que puede albergar en ella otros subgéneros como el histórico, el policíaco o el romántico, por ejemplo. Muchos la consideran un tipo de literatura juvenil, aunque todos hemos oído hablar de sus grandes títulos y en algún momento nos hemos perdido entre sus páginas.
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